Soy una Puta Ética

Cuando me toca describir quien soy, siempre me viene una lluvia de ideas que–muchas veces–depende del momento que estoy viviendo. Algunas veces mis descripciones son severas, y otras veces son algo más suaves. Pero, lo que tengo claro es que soy una puta. Más específicamente— soy una puta ética. Para los que no saben lo que es esto, los invito a seguir leyendo. Para los que ya se espantaron, entonces este es el artículo para ti. Para los que se identifican, juntémonos?!

Como les iba diciendo. Soy una puta ética. Vamos por parte.

Primera parte:

Soy una puta. Me gusta el sexo. Me ENCANTA el sexo. Siento que es la expresión más pura del ser humano. He tenido a muchos hombres (y algunas mujeres) en mi cama. Para mí, el sexo es un estudio de toda una vida. Me causa curiosidad. Me causa desafío. Me causa una introspección profunda. Me estimula lo más profundo de mis emociones y me conmueve por su creación y belleza. Y cada vez que tengo sexo aprendo algo nuevo.

Me gusta el sexo porque el sexo es rico. Y como buen ejercicio, me gusta hacerlo todos los días que se pueda con otra persona (o personas) o conmigo misma. Ahora… he tenido de todo en mi vida: sexo gourmet, sexo sagrado, sexo dormido, y sexo que me ha dejado en otro plano de consciencia. Todos ricos. También he tenido traumas sexuales: sexo por violación, sexo por obligación, y sexo chatarra. Todos me han servido de aprendizaje.

Yo soy una mujer sexual. Y al decir todas estas cosas, sé que más que una persona les empieza a caer mal lo que digo o en lo más mínimo les empiezan a surgir los prejuicios. Dirán algunos, “Ay, si porque le guste tener sexo no significa que es una puta! Porqué se trata tan mal!” Vieran ustedes… las palabras, si bien nos sirven para categorizar a nuestro mundo, también nos limitan. En esa misma categorización, armamos una idea de lo que es “bueno” o “malo” y empezamos a crear nuestros prejuicios. No es hasta cuando empezamos a aceptar que ese prejuicio o esa idea de bueno o malo puede tener otra definición que empezamos a definir a nuestro mundo desde un enfoque más amplio.

A mí me han dicho de todo: puta, nimfómana, sexoadicta, whore, cunt, perversa, pervertida, promiscua, etc. Y, en un principio, esas palabras me llegaban de una forma dolorosa. Me daba vergüenza sentir lo que sentía porque pensaba que mis deseos eran “malos” y demasiados frecuentes. Y al entrar en aceptación de esos deseos me liberé de las definiciones de otros y empecé a definirme a mi misma. Yo soy puta porque a mí me encanta tener sexo, y porque en el sexo me encuentro, al mismo tiempo, la persona más vulnerable y más poderosa del universo y es esa la definición que le pongo a la palabra.

“Ahhhh, pero eso no es ser puta. Las putas, corto por “prostitutas”, son las personas que intercambian dinero por sexo.”

Y a esas personas les digo lo siguiente: qué intercambias? Quizá no es algo tan tangible como el dinero, pero te apuesto que es algún tipo “mercancía”.  Intercambio hay siempre. A ver? Qué es? Una cena? Acompañamiento? Aliviar estrés? Espermatozoides para tener un bebé?

Hace un tiempo una amiga mía de Rusia, me contaba que había tenido un encuentro con un tipo buen mozo, adinerado, y culto. Habían salido un par de veces y al tercer encuentro él le propone lo siguiente:

“Si tú tienes sexo conmigo cuando esté en la ciudad, y te comprometes a eso, te pagaré tu MBA.” (insertar emoji con ojos grandes)

Ella me cuenta que se había indignado, se había parado de la mesa, y llegando a su casa, se lo había llorado abrazando una caja de helado.

“Lo puedes imaginar? Desgraciado! Que se cree ese estúpido? Yo no soy una puta!”

Al escucharla, mi mente se fue para todos lados. Obviamente. Así funciona mi mente. Yo estaba pensando en lo genial de la oferta y de lo enojada que estaba mi amiga. Quería tener empatía con ella, pero realmente me surgía una incongruencia entre la oferta y su reacción.

“Mmmm. Cuantas veces iba a estar este tipo en la ciudad?” Le pregunto.

Ella, un poco sorprendida por mi pregunta, me dice, “Mmm no sé, el viaja todo el tiempo por negocios. Un par de veces al año? No sé, supongo.”

“Y cuantas veces has tenido sexo a cambio de una cena, o de una sonrisa bella, de un acento francés, o a cambio de nada?”

Se puso a pensar… (Cientos de veces…) fue su respuesta sin responder.

Brendan Francis decía, “La única diferencia entre el sexo por dinero y el sexo gratis es que el sexo por dinero te sale más barato.”

(insertar emoji con tremenda sonrisa)

Y ya que estamos en ésta, también debemos hablar del doble estándar que existe en nuestra sociedad patriarcal.

A los hombres se les permite ser honestos con su sexualidad, se espera que él tenga muchas amantes y no se sorprenden que él diga lo mucho que disfruta el sexo ni que les cuente todas las posiciones que hizo en una noche con sus trescientos de amantes. Tampoco nos complica mucho que él nos diga de sus sexperiencias. El es un “macho” o un “ídolo” o “superhombre”.  Cuando las mujeres expresan lo mismo, ella es una “puta” o una “maraca” o cualquier otro nombre despectivo. Me pregunto porqué el doble estándar? Soy puta porque a mi me gusta el sexo? Pues bien. Entonces, soy puta. Disfruto de mi vida y de mi sexualidad y lo digo con mucho orgullo.

De hecho existe un doble estándar aún más disimulado. Cuesta ver a una mujer como una buena madre cuando sale los fines de semana a buscar el dick. No cuesta tanto cuando es un hombre. No es así, ladies?

Segunda parte:

Siento que la parte de “ética” se tiene que cubrir también. Si bien es cierto me gusta explorar mi sexualidad, soy también responsable en mi sexualidad. Me preocupa tener sexo conversado, limpio, y sin mayores expectativas.

Les explico:

Cuando yo le hecho el ojo a alguien a quien me gustaría invitar a mi cama, existe una conversación a priori de la situación. No es simplemente, “Wanna fuck?”. Especialmente, aquí en Chile. Los Chilenos, nanai, se caen de sus sillas si les llego con esa pregunta. Soy consciente de mi alrededor y la sociedad en dónde vivo, por lo que me voy tranquila por las moras.

  1. Mi primer set de preguntas tiene que ver con relaciones. Les pregunto si es que están en una relación y si lo están, entonces les pregunto si están en una relación abierta y cuales son los parámetros. Simple y sencillo. Si están en una relación monógama, no me meto allí.

(No ha sido siempre así. Han habido un par de veces en mi pasado donde he sido las patas negras de alguien. Y, la verdad, es que me sentía mal haciéndolo. Al fin del día, la sexualidad es para disfrutarla no para sentir culpabilidad ni resentimientos. Tiene que ver con cómo decides disfrutar de tu sexo y de qué manera te afecta ser parte de una situación dónde le puedes causar daño a terceros.)

  1. Mi segunda pregunta, al conocer a un potencial amante, es: “Tienes alguna Infección de Transmisión Sexual”? y de allí se deriva el resto de las preguntas: cuándo fue su última prueba, que si tiene sexo sin protección, etc.

(Este ha sido siempre una pregunta interesante. Y esto no significa de que si me muestra el examen mismo, yo evite el uso del condón. Son raras las veces que no uso protección y usualmente cuando no lo hago es porque me siento con la completa confianza de hacerlo, porque hay un respeto mutuo, y porque hemos llegado a un acuerdo con mi pareja. Y de ser así, es una sola persona a la vez. Punto. De lo contrario, siempre condón. Siempre.)

  1. Mi tercer set de preguntas tiene que ver con el manejo de las expectativas. Y tiene que ver con concordar cómo va a seguir la relación. Es decir, sólo nos juntaremos para tener sexo? Seremos amigos con beneficios? Veremos como sigue la relación y dejaremos que fluya a lo que quiere venir?

(Recientemente, leía un articulo donde me vino la pregunta perfecta para manejar estas expectativas. Es simple y sencillo: “A qué estas dispuesto@?”  Usenla. Este paso es importante, aunque usualmente lo están hablando mientras se sacan la ropa… TRATEN DE CONCENTRARSE EN LA RESPUESTA. Porque no hay nada peor que el tip@ se esté enamorando de ti (o tu de el/ella) y queden con un trauma cuando el/la weon/a no quiera repetirse el plato.)

Si el potencial amante, tiene alguna duda, se confunde, o me parece estar hablando con poca verdad, le doy gracias por su tiempo y atención y me voy a vivir mi vida. Y como respeto mucho el sexo y lo encuentro sagrado, lo quiero disfrutar antes, durante, y después. Si tengo alguna duda, la respuesta es, simplemente, NO.

Ser una puta ética, implica algo de trabajo en terreno. Implica, además, tener en claro quien eres, lo que quieres, y lo que buscas en una relación. Cuando tienes claro a lo que vas, tus decisiones provienen de una profunda sabiduría interna y no desde un lugar de miedos. Y cuando hablas desde tu autenticidad; el rechazo, el término de una relación, las expectativas incumplidas, ya no tienen un efecto catastrófico en tu corazón. El cuerpo y espíritu registra tu autenticidad como la comunicación más importante. Las consecuencias de esa comunicación, es de menos aporte.

Ciertamente, la sexualidad es un tema más complejo de lo que aparenta. Estamos condicionados a aceptarla como una entidad llena de reglas y con un estructura rígida más que una entidad en flujo, flexible y llena de posibilidades de apertura y cambio. Estamos acostumbrados a generalizar, poner etiquetas, y formar juicios de lo que poco conocemos o poco entendemos. Es nuestra forma humana de ordenar nuestro mundo para que no aparezca tan complejo. Al mismo tiempo, tenemos que ser conscientes que, hay veces que al hacer eso, nos limitamos a las innumerables facetas que tiene la sexualidad.

Busquen su propia definición. Si no te gusta la palabra “puta” averigua porqué. Seguro andas usando una definición que te han impuesto y que está cargado de connotaciones negativas. O tal vez no es “puta” la que te vuelve loca. Tal vez sea… pichula? O neurótica? O mamón? Todos buenos ejemplos que me han dado los Chilenos.

Ya poh, weon! Si no sería la primera vez que se ha podido cambiar la definición de una palabra! 😉

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