La Neurosis de Nuestra Sexualidad

Cuando hablo de La Neurosis de Nuestra Sexualidad…me refiero a la neurosis de nuestra sexualidad como una idea que tenemos de que para amar, para ser amado, para vivir el amor pleno y completo… éste amor debe primero pasar por una serie de obstáculos o de dramas para poder tener la experiencia total de lo que es el amor. De que cuando ya hemos vencido estos desafíos tenemos una breve oportunidad de estar felices y llenos en el amor antes que volvamos de nuevo a construir—a inventar—algún drama que nos ponga nuevamente en la batalla.

Y así seguimos repetidamente para conseguir el siguiente “hit”, el siguiente “toque” para volarnos nuevamente en el éxtasis del amor. Y, al contrario, de no ser así de difícil y llegar al amor pleno sin estos obstáculos entonces nos volvemos incrédulos al recibirlo. “Si viene fácil, se va a ir fácil.” “If it is too good to be true, it probably is.” Y en ese pensar volvemos a exponer nuestras relaciones amorosas a un tipo de drama para sentirnos nuevamente el héroe que vence a todos los demonios para por fin merecer el amor tan anhelado.

Really???

También existe la idea de que para poder amar plenamente se tiene que perder algo: libertad, tiempo, y hasta a uno mismo. Y estos miedos son los que nos impiden amar libremente con la intensidad que implica el vivir el amor. Y, al mismo tiempo que sentimos que perdemos algo, sentimos que “nos falta algo” y nos llenamos de “cosas” que nos nutren de una forma inmediata, pero incompleta. El cuerpo, el corazón y el alma reconocen la distinción: esta alimentación vacía que nos deja satisfechos por el momento, pero que al pasar un breve tiempo se vuelve a despertar aquel hambre con una renovada y agresiva fuerza.

Cuando vuelve el hambre nos damos cuenta de que lo “que nos falta” no era la pizza de madrugada o el trago de más, ni tampoco era una hora más de trabajo. Algo más profundo e íntimo está pasando: Nuestras fuerzas de masculinidad y femineidad se ven fuera de balance. Eso “que nos falta” es precisamente la falta de fluidez entre nuestras esencias masculinas y femeninas. Todo ser humano tiene estas fuerzas y todo ser humano se maneja con estas fuerzas a lo largo de su vida.

Las esencias masculinas se caracterizan por entrar y salir, por penetrar y sacar. Las esencias femeninas se sienten en el abrir y cerrar, en la entrega y el bloqueo. El masculino prefiere comunicarse en términos de acción y análisis y lo femenino se comunica en términos de sentimientos y emociones. La esencia masculina está inherentemente comprometida a su dirección y propósito de vida, y aun más importante,  a su libertad.  La esencia femenina está inherentemente comprometida a la relación, a la intimidad y al amor. No es hasta cuando la esencia masculina reconozca y se de cuenta de que la libertad que desea se encuentra en la práctica de amar “momento a momento”, en la entrega total de ese momento, que entonces se dará cuenta de que la libertad absoluta en su perfección subyace al entregarse a ese amor.

Los intentos de ella de empujar y de agarrar ya no se anclan a los miedos del hombre. A él ya no le da miedo el perderse en una mujer. El aprende a aceptar su deseo de tener una mujer totalmente abierta a él. El aprende a recibir su emocionar como un regalo de completa entrega y amor. Y a través de su propia fuerza, pasión, deseo y amor; él la rapta y la llena y la mantiene “gorda” como mujer. Ella le dice, “Quiero entregarme.” Y el dice, “Quiero que te entregues.” Es en ese entonces dónde ambos quedan plenamente satisfechos, llenitos, y por periodos más extensos. Ya no hay necesidad de crear un conflicto para sentir la intensidad de un amor pleno, sino que en la absolución de los miedos queda descubierto su simplicidad.

Pero… no es fácil.

La extinción de los miedos para llegar al amor pleno y nutritivo es un trabajo de toda la vida. La idea es darnos cuenta cuando estamos creando conflicto porque queremos evitar mostrar, decir, sentir lo que realmente nos aflige. De cierto modo, desviamos. Por ejemplo, buscamos instancias de ser infiel porque no tenemos la voluntad, fuerza, valentía, libertad de decir lo que realmente sentimos que nos está pasando.

Si lo pudiéramos decir sería algo como:

“Amor, me doy cuenta de que las cosas han cambiado. Me doy cuenta que me siento con pocas ganas de tener sexo contigo porque ya no siento atracción por ti. Me doy cuenta que quizás ya no te amo. Me doy cuenta que al decirte esto quizás te voy a perder y eso me aterra. Me doy cuenta que tengo miedo al quedarme sola y que te uso para no sentirme sola. Siento que quisiera estar con otra persona, pero al mismo tiempo quiero que lo nuestro se arregle. Siento que ahora tu cuerpo me da asco en vez de placer. Siento que me molesta como hablas y como dices las cosas porque siento que mi voz se pierde en lo tuyo.”

Y, de seguro, hay más adentro.

Tenemos miedo a decir lo que nos nace decir. Nos da vergüenza sentir lo que sentimos. Qué dirá mi espos@, mi familia, mis amigo@s, mis compañeros, la gente que ni conozco, la iglesia? Y en ese miedo nos atrapamos. Y abandonamos nuestro sentir. Inventamos algo super dramático y super tangible para que sea esa “la cosa” que nos impida seguir amando y recibiendo amor. Pides perdón a TODOS los seres y no al ser a quien le has hecho el daño. Buscas autocastigarte de TODAS las maneras para poder sentirte mejor por ese daño en vez de simplemente decirle a la persona (a quien le procurarse amor eterno) de que cometiste un error.

La persona quien recibe el daño también tiene todo el derecho de sentir todas las emociones como le vienen. Y la tarea de esta persona está en el profundo saber de que somos seres humanos y que cometimos errores. La tarea es perdonar la agresión. No por el/ella, sino por ti. Guardar rencores es como prenderte en fuego y esperar que la otra persona se queme. Simplemente, guardar el rencor no funciona como nosotros pensamos. Si piensas que la rabia que le tienes a la otra persona hace que ella se sienta mal, estas equivocado. Si piensas que al tenerle rencor a otro es tu forma de mantenerlo “castigado” eternamente, te equivocas nuevamente.

No son muchos que pueden perdonar al tiro. Hay algunos. Hay más que pueden perdonar después de un tiempo. Tómense el tiempo. Y si al final del tiempo necesitas más tiempo, tómense más tiempo. Pero, si te das cuenta que no puedes perdonar (también pasa) entonces déjalo ir. No por el, por ti.

Porque no hay nada más nefasto que cada uno vuelva a lo suyo y la historia comienza de nuevo, sin haber aprendido ni siquiera un poco de lo que es vivir una relación intima y un amor pleno y nutritivo. Este amor implica intimar a profundidades feas, destructivas, y oscuras. Este amor implica ahondar en la sombra del corazón. Este amor implica desnudarse, ensuciarse, y desangrarse. Querían drama? Pues en la intimidad verdadera la encontrarán. Muy pocos se atreverán. Muy pocos lo lograran. Y esos pocos habrán aprendido lo que es amar en toda su pureza. Y habrán desechado el amor neurótico.

Ahhhh ustedes pensaban que el amor es todo lindo y color de rosas???

Pues si. Lo es. Y también no lo es. Se atreven?

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