Gracias Por No Quererme

“…Sabes mi trágica devoción a las leyendas de príncipes encantados…
Sabes que una música melodiosa y un canto suave me hacían sollozar,
y que una palabra de afecto me hacía esclava de otra alma,
y sabes, también,
que todo lo que soñé tuvo una realidad desgarradora”.
—Teresa Wilms Montt

Ha pasado tiempo desde que decidimos dar término a nuestra relación. La verdad es que hace tiempo había estado contemplando que si nuestra relación valía la pena para mí, que si hay más costos que beneficios, y si esta relación me hace más bien o más mal.

Por un lado, siento que quizás todo se pudo haber “salvado”—hablando un poco más, escuchando un poco más, entendiendo un poco más…

Cuando estuve en Cuba, una de las frases que usan me llamaba mucho la atención. Cuando una persona quería que le pongas atención completa a lo que él/ella estaba a punto de decir, ellos te decían, “Atiéndeme.”

“Que linda la palabra”, pensaba yo. “Atiéndeme”. Es una palabra que incita a escuchar con todos los sentidos. Invita a no sólo escuchar, sino a mirar y a concentrarse sólo a lo que el otro está diciendo y sintiendo. Es entrar en ritmo—en sintonía—con el otro para que puedas entender qué le está pasando. Atiéndeme es simpatizar, empatizar, y atender a la vulnerabilidad del ser que está frente tuyo—en exposición. (Porque, no es fácil mostrarte con el corazón por delante.)

Quizás lo que debería haberte pedido es mucho más específico de lo que en ese momento sabía o entendía. Quizás necesitaba más tiempo para poner en orden lo que realmente quería y entender bien dónde se confundían mis sentimientos. Quizás lo que debería haberte expresado es que necesitaba saber que soy importante para ti—que tengo algún significado en tu vida. “Quizás”, pensaba después… “debería haber pedido que me ‘atiendas’”. Y quizás, debería haber hecho lo mismo contigo.

Y por el otro lado, siento que las cosas siempre suceden cómo deben suceder, en el momento dónde deben suceder, con quién debe suceder. Y si termina, bueno, no pudo ser de otra forma. A lo mínimo, el sólo pensar que se pudo haber hecho de otra forma es una pérdida de tiempo y de energía. A lo más, pensar de ese modo, le faltamos el respeto a algo que ya fue perfecto (aunque nuestro ego se resista a esa idea), y al no aceptar traicionamos todo lo que hemos vivido con quienes lo hemos vivido. No hay nada más que hacer que aprender del momento de la vida, llenarnos de lo rico de aquellos momentos, y seguir disfrutando de nuestro presente.

Y quiero, después de nuestra experiencia, darte las gracias.

Creo que, al principio, lo que me costó mucho aceptar fue que tenía la sensación de haber “fallado”—como cuando uno falla una negociación que ha costado mucho tiempo y dedicación. Y al final, sin acuerdos, termina todo en un sólo acto y en ese acto, se siente que ambos perdemos. Es una situación de “Lose—Lose”. Y en esa situación mi mente empieza a recrear escenarios donde pude haber hecho las cosas mejor para llegar a un “Win—Win”.

Es importante tener claro los términos en una relación. Yo sabía a lo que entraba. Tú también lo sabías. En un mundo lleno de relaciones superficiales es importante para mí tener relaciones más profundas, con más cuerpo, y más íntimas. Me gusta hablar a “calzón quitao” como dice mi abuelita. No me gustan los secretos, ni las mentiras, ni los compromisos incumplidos. No me gusta la idea de que al primer desacuerdo con una persona se termine la relación. No me gusta tampoco que no se “trabajen” los temas y traumas personales que surgen de esas discusiones. Y, decididamente, no me gusta que se consideren a las personas como fácilmente “desechables”. Pero sí. A veces se siente así.

No es fácil siempre hablar a “calzón quitao”. Da miedo. Da miedo las consecuencias y los cambios asociados. Y da miedo empezar un trabajo personal para superarte porque exige demasiado de tu tiempo y energía. Es más, exige un cierto grado de fortaleza emocional para abrir (o volver a abrir) ciertas partes de tu persona que no son asequibles a todos (a veces ni a uno mismo). Pero las relaciones son fluidas. Cambian. Y hay veces donde debes volver a visitar las reglas del juego con las que empezaste porque nuestros deseos y necesidades cambian. Y en estas instancias da miedo decir que algo ha cambiado porque no quieres joder algo que ya va bien y porque en el acto de pedir lo que quieres puede que la relación se vaya a la cresta. O lo que es peor, no quieres ser vista como needy, sobreexigente, o sofocante.

Pero sabes? Pasa algo bonito cuando hablas desde tu autenticidad. Siento que cuando logras decir en palabras lo que realmente sientes, el rechazo personal o la disolución de la relación deja de tener efecto. Como que, al decir lo que realmente sientes, el cuerpo registra esta honestidad como la más importante. Y eso te da poder. Las consecuencias de tus acciones son de menos importancia. No es que no tenga pena. La tengo. La sensación de “pérdida” es dolorosamente palpable. Pero, cuando se da vuelta esta experiencia, (que usualmente SÓLO ocurre cuando has hablado todo lo que sientes sin dejar nada en el tintero) me doy cuenta que sí se puede ver las ganancias y se disuelve la situación de Lose—Lose. Y por ese insight, te debo las gracias.

Gracias por recordarme que lo mejor para mí es hablar desde mi corazón y no desde la razón. Gracias por darme el tiempo para contemplar si es que esta relación me nutre de la forma que quiero. Gracias por el distanciamiento que me sirvió para ver si es que soy capaz de darte lo que quieres sin perderme yo misma. Gracias por darme las instancias dónde pude ser sincera contigo y decirte, siempre, tal y cual sentía mis emociones. Gracias por la sabia voz interna que me recuerda que aunque te quiero, me quiero más a mí misma. Gracias por recordarme de quien soy, de lo que quiero y necesito, y de encontrar esa voz dentro de mí que muchas veces se pierde en el medio de tanto caos. Gracias por el re-encuentro conmigo misma.

La decisión no fue fácil, pero creo que es una decisión que a lo largo del tiempo me acomoda más que la relación que llevábamos. Tal vez siga teniendo vaivenes de pena? O tal vez ya me lo he llorado todo que no hay más que llorar? No lo sé. Pero, cuando tomas una decisión con toda claridad y a favor de tu más alto bien, esta misma tiene el poder de “mover” las cosas. El vacío que se siente al perder algo se transforma en un espacio de posibilidades. Lo único que tenemos que hacer es estar abiertos a estas posibilidades. De esta forma, se puede abrir el corazón a estos nuevos encuentros que tal vez igual sean desgarradores y quizás tampoco sean permanentes, pero que también tendrán alguna enseñanza en tu vida.

Por todas estas “re-enseñanzas” te doy las gracias. Gracias por haber ocupado un espacio en mi vida, gracias por las memorias, gracias por este breve encuentro y por sobre todo, gracias por no quererme.

//

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s