Las Relaciones Abiertas I:

Sólo Para los Calientes Valientes

Hace unos meses conocí a un hombre francés que estaba en mi clase de sexualidad humana. Él me viene a decir que yo le gustaba, que pensaba que era bonita, y que quería tener sexo conmigo.

“Fucking franceses”, pensé yo, “Estos tipos sí son directos.”

Y le digo, “Bueno”, con una tremenda sonrisa, porque quién le puede decir NO a ese acento?

“Ah, que bien,” me contestó. Y luego me dice, “ya hablé con mi polola.”

“Emmm, QUEEEE?” Mi cara llena de horror.

Y me dice que no me preocupara porque, obviamente, él y su polola habían tenido una conversación sobre mí, y su polola estimaba que yo era una mujer fiable.

“Obviamente”? No entendía nada. No captaba su relación, ni mi rol en ella. Y me despertó la curiosidad.

“Qué tipo de relación tienen?”, fue mi primera pregunta.

“Tenemos una relación abierta.”

“Y qué significa eso?”

Me mira algo raro, como que le dio sorpresa que yo no sabía de qué CHUCHA estaba hablando. Sabía “algo” por eso preguntaba, pero quería saber más porque mi limitada percepción sobre el tema me llenaba de tantos prejuicios que no entendía por qué a una persona le podría atraer ese tipo de relación. Además había algo de ese francés que me daba la confianza de seguirle preguntando.

“Bueno,” dice el francés, “Es un tipo de relación donde hemos decidido no ser monógamos. Ella es mi relación ‘primaria’ por lo que a ella le digo, ‘Mi primaria’, y bueno, conversamos francamente de todos nuestros deseos, incluyendo con quienes queremos tener intimidad. Nuestros deseos son escuchados y si es que no hay problema (que casi nunca los hay) nos damos la oportunidad de disfrutar de nuestro deseo.”

Mi cara no había cambiado. Sino, más bien, seguía con un tremendo signo de interrogación y horror, como cuando vi las primeras temporadas de Game of Thrones.

“Emmm, que significa esto de “relación primaria?” Le pregunté.

“Es la relación que prima, la más importante. A la que se vuelve al final del día. Es la relación donde se establecen los más íntimos acuerdos. Ella es mi polola. El resto son amantes.¨

¨Pero… es que… no la amas?” Pregunté, algo decepcionada con mi nuevo amigo.

“Cómo? Claro que la amo. Es el amor de mi vida. Pero, no entiendo tu pregunta?”

Yo tampoco la entendía. Por qué había asociado el amor con el tipo de relación que ellos tenían? Mientras me daba tiempo de pensar prende un cigarillo. Después de un silencio, el francés nuevamente retoma la conversación.

“Ah, ya entiendo. Tu asocias el amor con la ‘posesión’.  El tipo de amor que tú practicas es el amor posesivo. Yo practico el amor libre. Dime, tu crees que los seres humanos somos ‘objetos’’?

Yo estaba algo confundida con lo que me acababa de decir el francés. Y aún necesitaba un momento para digerir la tremenda bomba de noticia. Porque, claramente, me había herido el ego. “Cómo que soy posesiva!?” Demandaba mi cerebro. Y, CLARAMENTE, no creía que los humanos eran objetos.

“Obvio que no somos objetos,” le dije finalmente, en una voz cautelosa por miedo que me sentiría juzgada nuevamente.

“Bueno,” afirma el francés, “yo tampoco. Por eso dejo que ella sea libre. Ella puede tener los amantes que quiera. Yo la amo, y es tanto el amor que siento por ella que mi mayor preocupación es que ella sea feliz.”

“Pero, y tú? Tú no la puedes hacer feliz?”

“No del completo. Soy ser humano, no dios. Cuéntame de una relación en tu vida donde tu pareja te ha hecho completamente, 100%, perfectamente feliz.”

Obviamente, no tenía respuesta. Y pensaba que si había una persona que fuera así de perfecta, entonces aún estaría con ella y la tendría en mi sótano encadenada para que nunca se vaya.

“Lo que pasa,” siguió el francés, “es que estamos en un mundo donde aprendimos que las personas somos objetos que se tienen que poseer. Por lo tanto, cuando estamos con alguien, la queremos por completo. La ofuscamos. La sofocamos. Hasta que un día ella o él se cansa y se pasa al siguiente. Si estás en una relación abierta, ella tiene la libertad de disfrutar de las cualidades en un otro, que yo no poseo, y después tiene la libertad de volver a nuestra relación.”

“Pero, estas aumentando las posibilidades de que ella se enamore de otro tipo!”

“Las posibilidades existen igual! Pero de esta manera, por lo menos sé a que me expongo.”

“Pero, no te pones celoso?”

“Claro! Si soy ser humano! Pero lo hablamos y me enfrento a mis inseguridades. Y ella me escucha. me entiende, me tranquiliza, y me ama.”

“Pero, y si te deja? Si algún día ella te dice que se ha enamorado de otro y quiere estar con él?”

“Bueno, entonces no hay nada que hacer! Ha tenido suficiente respeto por la relación que construimos para decírmelo. No me ha dañado con mentiras ni infidelidades de las cuales me sentiría traicionado. ”

“Pero, no te sentirás triste?”

“Claro! Obviamente, le hablaré, le suplicaré que se queda a mi lado. Pero, al final tendré que enfrentar mis miedos, mi ego dolido, mi orgullo y la tendré que dejarla ir. Porque nunca fue mía. Fue siempre libre y por un tiempo quiso estar a mi lado. Y cuando me deje haré pataleta, beberé demasiado, fumaré demasiado y me haré mierda. Y, a medida que haga mi trabajo personal, integre, y entienda que no fue personal, sino algo de ella, el dolor empezará a pasar.”

“Y porque te atreves a tener una relación así?! Si se ve que podría ser potencialmente dolorosa!”

“Jaja, TODAS las relaciones tienen esa posibilidad! Yo simplemente elijo tener la relación que es más sincera. Porque sabes algo? Me preguntaste que pasaba conmigo si es que ella no volvía y te respondí. Pero quiero responderte lo que me pasa cuando SI elige volver, que creo que es más importante. Cuando ella elige volver, me siento el hombre más grande del mundo. Ella elige estar conmigo porque ella quiere hacerlo–no porque alguien la obligara. Cuando alguien elige estar a tu lado, es lo más maravilloso del mundo porque de todos los hombres con quien ella quiere estar, ella vuelve a MI. A MI. Y ESO es lo que me atrae de estas relaciones. Que cuando ella vuelve, sé con 100% de seguridad que lo hizo porque ella quiere estar conmigo.”

Me quedé con todo lo que me dijo.  Dias después los vi juntos. Y se veían como aquellas personas que están enamoradas hasta las patas. Una conexión completa y profunda. Como que casi tenían un halo a su alrededor.

Y decidí en ese momento, que ese tipo de amor era exactamente lo que yo quería.

A ver…

Si hay algo que he descubierto de mis aventuras por el mundo es que TODAS las parejas, abiertas, monógamas, poliamorosas… TODAS sirven para ayudarte a desarrollar como persona. Algunos tipos de relaciones te pegan de forma más abrupta, porque te golpean justo a tu sentido de convención social que has aprendido toda tu vida. El cómo te pega, no es el problema, el cómo lo recibes y te ajustas a las variantes–ese es el difícil trabajo del desarrollo personal. Y te puedo contar que no es fácil, pero es intensamente remunerador.

He conocido parejas que han sido toda su vida monógamas, después se abrieron, y después de un tiempo decidieron que aprendieron lo que necesitaban de aquel tipo de relación y volvieron a la monogamia.

Lo que he aprendido es que es más difícil mantener una relación abierta. Ser una pareja “abierta” es tener una relación abierta en todos los sentidos. No sólo es sexualidad abierta, sino comunicación abierta que implica una honestidad—a veces un tanto brutal—para tu corazón. Porque debes exponer todas tus intimidades. Cuales intimidades? Bueno, por empezar, todos tus deseos. Y no te hablo simplemente de los deseos sexuales, sino otros deseos también como, por ejemplo, deseos de más intimidad, cercanía, y conexión. De decirnos lo más intimo de nosotros, cómo nos sentimos, qué cosas odiamos del otro, y comentar lo más privado de nuestro ser. La relación abierta es “abierta” en todo sentido de la palabra. Es hablar de los celos, de los miedos, de las rabias, de las cosas que nos avergüenzan, etc. La persona que te contiene es importante. Porque si es que vas a hablar de lo más íntimo de tu ser, entonces necesita haber un otro que pueda con todo lo que le dices sin que lo tome como algo personal.

Las conversaciones más intimas son justamente las conversaciones que más te dan miedo tener porque corres el riesgo de ser tan honesto que terminas destruyendo la relación por siempre en vez de salvarla. Y son justamente estas conversaciones que te ayudan a profundizar la relación y entender a tu pareja de una forma humana.

En una relación pasada tuve una de estas conversaciones. En una de estas (porque fueron varias) me dijo: “Yo te amo, y te tengo un profundo amor dentro de mi corazón. Pero, no puedo abrirme a ti y amarte porque… (una pausa)… tu no tienes el cuerpo que yo deseo en una mujer. A mi me gustan las mujeres flacas y atléticas. Y te juzgo por no ser así. Y sé, y me doy cuenta como debe ser escuchar todo esto. Me siento avergonzado por como me tienen mis creencias. Me mantienen esclavo y me cierra a ciertas experiencias. Y no sé como despojarme de ellas. Cada vez que tú te acercas debo enfrentarme a eso y realmente no puedo con la presión.”

Menos mal que a este punto de mi vida mantengo una relación super amorosa con mi cuerpo. Porque lo que él me dijo me podría haber mandando a la mierda hace unos años atrás. Yo lo escuche y al final de todo le di las gracias por ser tan honesto. Le tuve compasión. Porque muchas veces, por nuestras experiencias, programación social, etc, nos vencen los miedos y no dejamos entrar nada más. Ni el amor puede entrar en esos espacios.

Lo que me gusta de las relaciones abiertas es lo siguiente:

  1. Los dos se ponen con todo (hasta qué punto depende de que les surge a cada uno y obviamente se hablan las cosas con la intención de mantener todo sobre la mesa)
  2. Cuando se está juntos, se esta juntos. Es la única relación que existe. Aunque se tenga otros amantes, por esas horas, o días, se está juntos como pareja.
  3. La intimidad es radical. Todo se expone y se aprende en conexión.
  4. Tienes la oportunidad de tener sexo sin limites; un sexo mágico que sólo surge en la plena conexión con un otro. Te nutres de él, y él de ti. El sexo es penetrante para ambos y cada vez que se penetra se van a niveles más y más profundos.

Entonces, la conclusión del tema es que las relaciones abiertas, aunque parezcan ser poco conectadas, poco íntimas, o que no hay compromiso, puede que sea todo lo contrario. Habría que probarlo para ver que es lo que surge en la relación misma.

Y tú? Te atreves?

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