Soy Plancton

Estoy en el medio de una horrible escena. Está gris y hay un olor a agua estancada. Hay personas a mi alrededor pero no hay vida. Nada de lo que yo puedo percibir con mis sentidos me parece placentero. Yo me siento muerta. Lo que sí logro discernir es que me siento sola y abandonada. En este lugar nadie me ama, no siento ni el más mínimo de amor hacia mí misma. Le tengo miedo de estar viviendo en un mundo donde no tengo nada a qué agarrarme. Me siento presionada de ser alguien quien no soy. Vivo una vida en la que sólo muestro parte de mi ser, porque los aspectos míos que se esconden en la oscuridad jamás han visto la luz. Nunca le he enseñado esas partes a nadie. Es en ese instante donde me doy cuenta que me he convertido en una parta más de la maquina de esta sociedad. Me hace falta el descontrol. Me hace falta… estar enamorada.

Cuando le he preguntado a la gente que es la definición de estar enamorada el consenso es que el enamoramiento es un estado alternado de conciencia; un aweonamiento puro; la droga de cupido. Hay muchos estudios que evidencian una correlación entre los recursos cognitivos y el enamoramiento. Mientras más enamorado, menos capacidad mental. De ahí que salen frases: drunk in love, loco por amor, el amor es un delirio, el amor es una miseria mental, etc.

Bajo la influencia del enamoramiento me he visto en muchas situaciones, indecoroso a veces, donde—estoy segura—no habrían ocurrido estando sobria. Y cuando me doy cuenta que Cupido me ha lanzado una de sus flechas, ya cagué. Cagué y me rindo a esperar que aquellas situaciones indecorosas se vuelvan a repetir o me preparo para alguna situación aun más creativa. Aparte que soy una caliente de mierda… entonces es peor la cosa.

No es fácil explicar esto.  A mi me gusta estar enamorada. Me excita y a su vez, me ahoga. Siento que encuentro consuelo en ese espacio. Me da consuelo saber que soy el tipo de humano que simple y placenteramente demanda extraer todo aquel amor que se me pone de frente. Y a su vez, siento una gran angustia porque no sé que cagada me voy a mandar en este estado. Me encanta estar enamorada tanto como me encanta que me arrastren por el barro. Siento que me pongo poderosa en ese estado y también me entrego a lo que viene en el momento. No es que me pierdo en el enamoramiento y dejo de ser quien soy… sino que me dejo ser quien soy y en esa libertad me encuentro.

El enamoramiento es una paradoja.

Decía Woody Allen, “Amar es sufrir. Para evitar sufrir, uno no debe evitar amar. Pero entonces sufres de no amar. Por lo tanto, amar es sufrir; no amar es sufrir; sufrir es sufrir. Ser feliz es amar. Para ser feliz, entonces, uno debe sufrir, pero el sufrir nos hace infeliz. Por lo tanto, para ser feliz uno debe amar, o amar sufrir, o sufrir de mucha felicidad.”

Aquí les expongo una parte de mi diario de vida en donde hablaba del hombre que me tenia completamente enferma de amor.  Y lo que aprendí en ese entonces.

3 de abril, 12:55 AM

Me he dado cuenta que soy distinta con este hombre.

Acepto que hay veces que tengo que navegar lo mas profundo de mi sombra para encontrar una sensación distinta que me haga sentir viva. Apruebo por completo la manera en que me arrastro frente a él y beso todos los pasos que dan sus pies. Me he convertido en esa mujer. Yo SOY esa mujer—esa mujer a quien las otras ven y les da lastima. Soy aquella mujer que no me da nada tener rogar por la atención, el sexo, y cualquier otra cosa del hombre a quien es el objeto de mi crazy, stupid love. Y si ese hombre no es el ideal y a mis amigas les cae pésimo, más me gusta rogarle.

Me gusta seguir mi deseo sólo por el placer de saber que lo tengo y que lo puedo tener sin vergüenza de ningún tipo. Soy implacable cuando tiene que ver con mi deseo de rendirme ante la corriente del amor o ante aquella pequeña electricidad que fluye por mi cuerpo cuando lo veo. Me mojo cuando me mira, mi cuerpo convulsiona cuando esta dentro de mí. Amo a este hombre que no es para mí. Amo a este hombre que le da vergüenza estar conmigo y cuando me lo dice, lo amo más.

Mi mente busca por todos lados el remedio, la cura, la mujer poderosa que no se entrega a esta mierda. La mujer liberada, la mujer feminista. Mi mente busca desesperadamente la serenidad que explicará esta locura. Mi mente lucha contra mi corazón una y otra vez porque piensa que una vez más nos hacemos paciente de esta enfermedad tan incurable. Esta enfermedad del amor.

Mi cuerpo tiembla cuando esta cerca. Mi corazón salta cuando entra por la puerta. Se me olvida exhalar cuando respiro de su esencia. Y cuando le toco su pene se acaba todo. Estoy condenada. Mi parte involuntaria se activa y todo lo que puedo hacer es rogar que me tome y que me haga parte de él. Me encanta que este hombre me penetre, este hombre que encuentra vergonzoso que estemos juntos. Este hombre, que me ha dicho que me ama, pero que no puede escapar la cárcel de sus prejuicios. Él es prisionero de la perfección. Él es prisionero de sus demonios. Y cuando me confiesa todo esto lo amo más. Tengo compasión por él y lo amo más. No me importa porque soy esa mujer. Me satisface tener sus migajas de tiempo, su tacto cuando me lo quiere dar, su pene cuando me quiere penetrar. Estoy lista para ser usada una y otra vez porque lo quiero así. Quiero cualquier momento que me quiera dar. Lo deseo. Deseo ser consumida or ese fuego y en ese estado no hay orgullo, ni vergüenza, ni nada. Quiero sentirme humillada y fuera de control.

Me arrodillo cada vez que lo veo, lo hago independientemente de cómo mi mente piensa que debería sentir. Si. Me entrego por completo a mi deseo humano—a mi deseo de mujer. Jamás he sentido esta sensación tan primitiva y visceral. Me hipnotiza su mirada, me mesmeríza su pene. Su pene al cual lo quiero tanto que soy capaz de perdonar y olvidar cualquier transgresión para tenerlo en mi, en mis manos, en mi boca, en mi ser.

Se mete por mis venas como una droga que alumbra todas las células de mi cuerpo. Me quedo en las nubes por días hasta que por fin caigo de nuevo a la tierra y necesito nuevamente un toque de su boca, su sudor, sus manos, y su rica y mojada erección. Necesito más de él hasta que quede saciada, hasta que mi cuerpo no pueda tolerar ni siquiera uno más de sus susurros, ni una mirada, ni un solo aliento. Respiro y me llevo este último toque. Mi cuerpo vuelve a temblar, vuelve a despertar. Estoy en la dicha misma. Mi piel se siente eléctrica. Puedo volar. Quiero desaparece a un lugar donde pueda sentirlo todo en su potencia a donde pueda  deshacerme de las cosas mundanas de la vida. Aborrezco la vida plástica que te dice que tienes que tener la casa de muñeca, los 2.5 hijos, los autos de último año para ser exitoso. Quiero vivir donde hay aventura, donde no sabes si es que tu siguiente paso te llevará a tu muerte o a tu vida—que en esencia es la misma cosa. Allí esta la sensación. Allí está el orgasmo.

Me siento a llorar. Lloro porque he encontrado algo mejor que tener a este hombre. Me he dado cuenta el porqué llegó a mi camino. Me he dado cuenta que él sólo es un catalizador. Me ha enseñado a destapar mi deseo humano y me ha dado la libertad para mostrárselo y disfrutarlo sin temor.  No andaré por las calles sola. No terminaré sola y abandonada porque tengo a mi deseo que me nutre y me da aliento. Me tengo a mi misma y mi acompañante es mi deseo. Mi deseo me ha expuesto como aquella mujer que hará lo que sea con sólo vivir el amor, vivir en ese estado y estar dispuesta a lo que venga después.

Amo porque quiero amar. El amor me consume en sus llamas y me hace cenizas. Sufro una muerte tan dolorosa y, a su vez, llena de libertad. Lo haré una y otra vez. Le mostraré mi deseo al mundo. Se lo presentaré para que lo vean en su esplendor y si quieren atesorarlo lo harán. Si quieren hacerlo su enemigo, adelante. No me importa. Esa soy yo. Soy la forma más básica y más baja de la vida. Soy plancton. Lo notable, es que en esa forma tan baja también sostengo la vida. Paradojas.

Gracias a ti, hombre catalizador. Si no fuera por lo que me ha mostrado mi deseo: que hay poder en mendigar por el amor, y que me viene tan naturalmente, aun estaría en alguna parte de la tierra donde soy parte de la maquina y me siento sola y abandonada.

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