Que Nos Pasa con la Concha?

“La única diferencia entre el sexo por dinero y el sexo gratis es que el sexo por dinero te sale más barato.”—Brendan Francis

Cuando les pregunto a mis más cercanos que pensarían si les dijera que quiero ser puta me miran de forma extraña. Quizás es mi forma de decirles como proposición hipotética para que no se espanten. Quizás es también para tantear las aguas y para no preguntarles tan, TAN directamente que pensarían si les dijera que soy puta desde hace un tiempo?

Me tocó ir a una charla en Argentina donde se hablaba de los derechos de las putas y se vuelven a afirmar todo lo que he pensando y sentido desde hace mucho tiempo. Tengo claro que algo nos pasa con la concha. Lo tengo claro porque también atravesé por eso en algún momento. A “eso” me refiero a esa necesidad de poner a la concha como algo distinto de cualquier otra parte del cuerpo humano–algo casi mágico, sobrehumano, y místico.

Mi vida sexual empezó en útero. Estoy segura que fue así. Y luego se fue desarrollando en un ambiente altamente estricto y conservador. A los siete años fui abusada sexualmente por alguien quien era el semejante de mi abuelo. Y desde ese entonces empezó un largo tomo de considerar a mi sexualidad como sucia, vergonzosa, peligrosa, y también potente y poderosa.

Cuando estaba entrando en pubertad mi vida dio otra vuelta y descubrí mi clítoris y mi orgasmo. Luego cuando tuve mis primeras relaciones sexuales descubrí la parte sanadora del sexo. Descubrí como un hombre o una mujer pueda venir con mucho encima: problemas, emociones, etc. y después del acto se descubre que igual la vida es bella. Se descubre que en el encuentro con un otro, los problemas son pasajeros.

Existían antes las que se denominaban las putas sagradas. Las que prestaban sus servicios sexuales para efectos de sanación. Y si fuera eso un servicio? Por qué puede una mujer dar su virginidad, su cuerpo, su vagina, su útero gratis, pero al momento de que se cobre dinero a cambio pasa algo inexplicable? Se realzan todos nuestros prejuicios. Esta bien que seas puta (sin cobrar), pero si decides lucrar de tu propia sexualidad es escandaloso, un pecado, y—peor—un delito.

Hay personas que dicen, “No estoy en contra las putas, pienso que es algo que debería hacerse legal.” Pero al momento de ofrecerles algo a esta institución, dicen que no darían plata, ni apoyo para algo tan “ofensivo”. A estas personas que no tienen nada en contra las putas, les pregunto: Vivirían en un barrio donde trabajan las putas?

Qué nos pasa cuando decimos… “Me parece un trabajo como cualquiera,” y después te imaginas a tu hija diciéndote que quiere ser puta cuando crezca. Qué nos pasa? Qué nos pasa cuando estigmatizamos a las putas, pero NO al que compra el servicio? A los compradores no les decimos nada y lo encontramos hasta natural?

Qué les pasa a los hombres cuando conocen a una puta en ese servicio y aprueben de ello mientras están con ella, pero cuando se enamoran quieren que ella deje su rubro para estar solamente con él? Allí ya pasa de ser un trabajo digno?

Qué nos pasa cuando pensamos que pobrecitas que son las putas que se tienen que sucumbir a un trabajo tan denigrante? Qué nos pasa cuando no podemos entender que una mujer (u  hombre) pueda y QUIERA ser puta por su propia voluntad—porque tienen un arte que ofrecer? Allí decimos, “No, no puede ser. Es que se sienten que están eligiendo, pero no es así. Están enrolladas en un sistema patriarcal que les hace sentirse que querer ser puta es una opción, cuando en realidad no la es. Es una alternativa que el patriarcado quiere que consideres como tuya, pero es algo impuesto para darte la semblanza de poder.”

Les digo todo esto, porque he pasado por lo mismo. He pensado lo mismo, y escucho todos los mismos argumentos una y otra vez. No lo puedo decir más elegante que mi amiga de la charla en Argentina que lo decía de la siguiente manera:

“[Las mujeres] que pueden disponer de su propia sexualidad? Pueden explotar sus manos, pueden explotar su espalda, y pueden explotar sus propios conocimientos. Pero no pueden explotar la concha. Esa es la discusión. Qué tiene la concha? Quién nos hizo creer que la concha es sagrada, que la concha tiene algo de dignidad, que la tenemos que cuidar y proteger y no podemos hacer uso y abuso de ella? Allí está el eje de la cuestión. Hablar verdaderamente de lo que tenemos que hablar y que muchas veces algunas esconden bajo la alfombra. Que nos pasa a las minas con el sexo? … Las que tenemos que hablar de la sexualidad somos nosotras. Porque estamos atravesadas por mandatos socioculturales y patrones socioculturales que nos han hecho creer que las mujeres tenemos que ceder la concha gratis y por amor.  Las putas nos corrimos de esas normas. Gratis nada mi amor. Pagáme.”

Entonces, vuelvo a reiterar, “Qué nos pasa con la concha?”

Cuando era chica, mi concha era innombrable. Y crecí con una especie de sentir de que era algo que debería cuidar tanto tanto porque era tan tan preciosa. Y pasó que después de que perdí la virginidad (por obligación y por opción) sentía que no tenía nada mas que ofrecer. Que la única cosa tan tan preciosa, ya la había regalado y me había quedado sin nada de valor. Cuántas veces me pasó que cuándo un hombre no quería tener sexo conmigo me sentía como menos mujer?

Mujeres, cuánto queda de eso en ti? Cuántas veces haz castigado a tu pareja y le haz quitado el sexo? Cuántas veces haz usado tu sexo como mercancía? Cuántas veces haz dicho, “Le daré mi sexo sólo si…” Cuántas veces has dicho que la pareja con quien tu estas sólo te quiere para el sexo y te sientes mal porque sólo quiere eso? Cuánto valor le ponemos a nuestra concha?

He pasado, paso y probablemente siga pasando por todo eso hasta que por fin logre despojarme de todo prejuicio. Pasa algo tremendo cuando empiezas un proceso de desestructuración. No es fácil ese proceso. Es algo semejante a un edificio al que están a punto de demoler. Tú eres el edificio. Ves que la bola de demolición viene y no puedes hacer nada más que entregarte y sentir cómo se disuelven todos tus prejuicios y temores.

Pero al final de todo… queda algo bello. Queda un lienzo listo para la siguiente de tus obras. De qué color (o colores) será esta nueva fase de tu vida? Quienes estarán a tu alrededor para apreciarla? Quienes NO estarán? Se dice que es mejor arrepentirse de algo que haces a algo que no haces. Una de las cosas de las que me arrepiento yo—es de no haber empezado a cobrar antes. 😉

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