En la Cama

Cuando era más joven mis amigos y yo solíamos ir a los restaurantes chinos sólo para que al final de la cena nos entregaran las famosas galletas de la fortuna. Por si no las conocen, son unas galletas (que se pueden comer) que al quebrarlas por el medio había un papelito que te daba tu fortuna del día. Cada uno de nosotros leíamos nuestra fortuna en voz alta y al final de lo que decía el papelito, le agregábamos: “en la cama”.  Por ejemplo: “Eres libre de inventar tu vida… en la cama.” Y nos reíamos y pensábamos que era de lo más chistoso.

Nunca pensé que ese juego serIa el trabajo de todo una vida. Vieran ustedes. A mi me gusta el sexo. Eso no es secreto. He dedicado toda mi vida a cultivar el sexo nutritivo y ahora lo enseño. Me gusta hablar de ello, me gusta gozar de ello, y por sobre todo, me gusta que el sexo sea el más exquisito ejercicio que se pudiera hacer. He tenido de todo en mi vida: sexo gourmet, sexo sagrado, sexo dormido, y sexo que me ha dejado en otro plano de consciencia. Todos ricos. También he tenido traumas sexuales: sexo por violación, sexo por obligación, y sexo chatarra. Todos me han servido de aprendizaje.

Es mi opinión de que al cultivar el sexo, se cultivan también otros ámbitos de tú vida. Es más, se puede ver qué clase de sexo tienes sólo al ver como vives tu vida. Cómo haces una cosa, usualmente, es cómo haces todas las cosas. Si tu vida es agitada, estresada, si comes rápido, y comes comidas pocos nutritivas, lo más probable es que tu vida sexual sea rápida, poco satisfactoria, y te sientas con más hambre al final del día.

Cuando hablamos del sexo en vez de generar curiosidad, interés, y entusiasmo, se genera vergüenza, incomodidad, y nervios. Hemos pervertido algo que es natural y hermoso y lo hemos convertido en algo degenerado y sucio. Usamos el sexo para llenar esas partes vacías dentro de nosotros que nos causan dolor y que pocas veces enfrentamos por miedo a volver a abrir esa herida. Usamos el sexo como un substituto para otras adicciones y cada día necesitamos más de la “droga” para poder satisfacer nuestras necesidades de aprobación, amor, aceptación, y conexión.

El sexo es un poderoso alquimista. El sexo es capaz de crear vida y es capaz de destruirla. El sexo puede mejorar tu estado de animo, tu dolor de cabeza, tus relaciones, y tu vida en general. Y también, puede enfermar, destrozar tus relaciones y causar tu muerte. El tema es que todo sea delicadamente balanceado para que podamos disfrutar de la conexión que se genera al estar con otro ser humano.

Cómo lo hacemos? Cómo logramos este equilibrio? Cómo logramos una Comunicación y Sexualidad Conectiva?

Vivimos en un mundo donde la conexión de piel a piel es cada vez más rara y la forma en que nos comunicamos está limitada al uso de aparatos electrónicos. Por ende, no es novedad de que nuestros sentidos y sensaciones pasen a segundo plano. Esa intuición, ese talento de percibir más allá de lo que hay frente de nosotros, pierde su precisión y muchas veces dejamos de cultivar tan importante forma de comunicación.

El tema es volver a lo más simple y básico y retomar la forma en que escuchamos y atendemos al otro—y quizás más importante—cómo intimamos con el otro. El “intimar” no tiene que ver necesariamente con el sexo (ni tampoco es ausente de esto). Tiene que ver con la comunicación más profunda, limpia, y autentica que podemos tener con otra persona. Y esa forma de comunicarse, desde la autenticidad, no es fácil. Es aprender a respetar lo que sientes y poder comunicar eso que sientes de una forma pura y sin reservaciones.

Ahora, cuando hablamos de ser francos, sinceros, y auténticos caemos en lo que se llama una “verdad absoluta”. No hay verdades absolutas. Ni siquiera, desde mi punto de vista, hay “verdades”. Hay… perspectivas. Y estas perspectivas son reales para nosotros que las creamos. Cuando tenemos una relación intima con conversaciones intimas, significa que te expones tu a tus verdades y compartes esas verdades con el ser que está frente tuyo para que el/ella pueda entender desde donde vienes. Es poder exponerte de una manera tal que el otro pueda simpatizar o empatizar contigo y entienda lo que sientes. NO es un espacio donde criticas o insultas al otro y NO es un espacio donde se pone a uno como perpetrador y al otro como víctima. Se habla desde tu sentir, desde tu perspectiva, y desde lo que te pasa a ti cuando pasa X cosa.

Una manera en que les explico a mis clientes cuando empiezan el camino hacia la Comunicación y Sexualidad Conectiva y, por ende, el camino hacia la autenticidad es el siguiente ejercicio:

Imagínate en tu cama. Estas solito con nadie más a tu alrededor o en tu casa. No hay nadie quien te pueda interrumpir; no hay nadie quien te distraiga. Imagínate como te ves? Date cuenta que si estas con ropa o desnudo, si estas tapado con una sabana o arriba del cubrecama. Qué estas haciendo? Estas quieto? Estas pensando? Te estas tocando? Cómo te sientes? Estas cómodo? Te sientes libre? Qué escuchas a tu alrededor? Etc. Etc.

Cuando nos imaginamos en este espacio, usualmente intimo para nosotros, somos seres auténticos. Nos damos cuenta que en este espacio podemos hacer y deshacer lo que queramos. Podemos tocarnos, andar desnudos, tirarnos peos, olernos, mirarnos, y buscar otras formas placenteras de estar con nosotros mismos. Todo esta bien y es aceptado.

Ahora imagina que cuando hablas con alguien hablas como si estuvieras en la cama. También desde ese ser autentico. Si tomas consciencia que todos somos iguales y que, usualmente, hacemos todos lo que tu te imaginas haciendo en tu espacio privado (con matices de más y menos), entonces puedes conectar desde ese punto—desde ese ser natural que esta frente tuyo. Y desde este espacio te podrás imaginar que no somos tan distintos el uno del otro y que todos deseamos esa conexión autentica, abierta, e intima.

Así es como empezamos a volver a lo básico y a lo simple. Y así empezamos a ver que los tabúes sexuales, son simplemente una perspectiva dentro de muchas otras. Y que la forma de tener sexo puede variar y, ciertamente, tiene ciertos gradientes. Podemos usar el sexo para nuestro bien o para nuestro mal y tenemos la capacidad de equilibrarnos para poder retomar la conexión que muchas veces se ve interrumpida. Todo está en nuestras manos.

Cuando no lo siento así, cuando me siento ausente de conexión, recuerdo la escena final en ese restaurante chino: “Eres libre de inventar tu vida… en la cama.” Y con eso me quedo.

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