El Hombre de Carne y Hueso—(de silicona)

Lo que aprendí de un pene miti-miti:

En uno de mis viajes a Chile—cuando aún no vivía aquí, me fui al sur a pasar unos días. Y conocí a un tipo en un bar. La atracción fue mutua. No era un hombre que me mataba, ni que me deslumbraba, ni nada, pero me interesaba lo suficiente para ver como era en la cama.

En algún momento después del small talk, le pregunté si es que me iba a pedir mi número de teléfono. Él, un poco nervioso, anotó mi número y empezamos a hablar.

(Este “juego” llámese todo la previa que tienes que hacer antes de salir con alguien es una lata cuando sólo quieres sexo—pero no me atreví nunca decirlo tan directamente porque recién venía llegando a Chile y me interesaba en ese momento caer bien y se querida por los Chilenos y, aparte, estaba en el sur donde los cánones de sexualidad son un poco mas “misteriosos” que en otros lugares.)

Además, cuando solamente quieres algo físico, es un riesgo entrar a un juego demasiado largo porque puede terminar de una de dos maneras: se apague todo porque te das cuenta que el hombre es un total pelotas o se prenda todo y te empiezas a enamorar.

En este caso se fue apagando. Y me fui dando cuenta que este hombre tenía una manera de hablar en la cual generalizaba todo.

“Las mujeres son…”

“Los psicólogos son…”

“Los de EEUU son…”

Y también, este hombre era de la especie poco atractiva del SABELOTODO—de esos tipos que te enseñan como ser mujer, profesional, persona, etc.

De pronto, me entró la duda de que si valía la pena o no esta situación? Pero, persistí.

Después de un laaaaaaaaargo juego me invito (por fin!) a su casa. Y después de unos cuantos minutos de conversación se hizo claro nuestro propósito y nos fuimos a la cama.

Hay pocos momentos en la vida que realmente me sorprenden. Después de haber trabajado en el ámbito de la sexualidad humana por años, ya no hay mucho que me asombra. PERO, esto si fue inesperado.

Cuando estábamos a punto de llegar a penetración, me pregunta:

“Quieres que use la extensión o así no mas?”

(!!!!)

“Cómo?” le respondí para que me diera unos segundos para recuperarme de la pregunta. Y me comienza a explicar que su tamaño de pene es algo corto y por eso el me daba la opción de que use una extensión de silicona para que se sintiera más largo.

La verdad es que lo único que quería hacer en ese momento es experimentar que cosa era esta extensión de la que me hablaba.

“CON EXTENSION!” le dije casi como si estaba a punto de ganarme el loto.

Y se lo puso con doble condón. De pronto me entró la preocupación de que si él iba a sentir algo con la extensión en su pene y ademas con el doble condón? Pero después de un mili-segundo se me pasó.

Después del acto busque mi ropa y me fui a casa. De paso vi a la otra mitad de su pene tirado en el piso envuelto en condón. Allí estaba, en toda su gloria.

Llegando a casa y por meses después pensé en lo ocurrido ese día. La extensión no se sintió raro para nada. Todo lo contrario, se sintió normal. Hubo un segundo donde me preocupé de que la wea se quedara adentro, pero se me pasó luego. Él llego al clímax y yo igual. Y la cosa no se quedó adentro.

Pero creo que lo que más destaco de ese evento es la actitud de este hombre. No siempre es fácil decirle a la otra persona cómo eres realmente, quién eres realmente, y qué es lo que realmente te gusta. Y en especial cuando se trata de nuestras partes sexuales. Simplemente, no es parte de esa conversación. Ninguna mujer te va a decir que tienen la vagina grande. Lo mas probable es que ellas te van a decir que le gustan los penes grandes. Y ni siquiera te lo van a decir a ti, sino que se van a guardar su reacción cuando lo vean y luego llegarán a casa a contarle a una amiga.

Y me puse a pensar en lo mejor que sería el mundo si pudiéramos darle más aprobación a nuestro cuerpo y, por ende, ser más honestos con nuestros amantes.

Y por eso me gustó este tipo.

A pesar de todo lo que era: arrogante, machista, desubicado… lo que me llevé de bueno de él es con la confianza y sencillez que me explicó que tenia un pene chico. Lo asumía, lo aceptaba, y (lo mejor de todo)…

traía opciones.

***
Credits for the Title go to Alma Ruth, one of my friends that I’m sure would never turn down a good hot dog!

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