El Hombre Papaya

Lo que aprendí comiéndome a un weon feo:

Hace un tiempo atrás estaba en EEUU con una amiga mexicana. Ella se había ido a trabajar y yo me había quedado a cargo de la casa. Empecé a ordenar la cocina cuando de pronto me encuentro con una bolsa de papel con lo que parecía un melón adentro. Saqué el melón porque me parecía algo extraño que lo tuviera en la bolsa y me di cuenta que estaba a punto de podrirse. Tenia “ojos”, algunos más grandes que otros, algunos con pelos blancos en algunas partes, y en otras partes se hundía un poco por estar demasiada madura. La iba a botar, pero como no estaba en mi casa, dejé la bolsa con la fruta tranquila en un rincón y terminé de limpiar el resto de la cocina.

En la noche, después de la cena, hablábamos sobre una copa de vino. Y me acordé de su bolsa con la fruta podrida adentro. Le pregunté si es que ella quería que la botara. Ella, totalmente sorprendida, me pregunta que cual era la bolsa y se la mostré. Ella se puso a reír y me dijo que no la podía tirar ya que la fruta la había puesto dentro de una bolsa de papel justamente para que se madure. Y estaba lista.

“Se llama papaya. Haz comido antes?” Le dije que sí, pero en almíbar y bonita. Nunca había visto una en vivo y en directo.

“ES QUE TIENES QUE PROBARLA! ES MUY, PERO MUYYYY RICAAAA!” me dice gritando de entusiasmo como si había encontrado la ultima virgen en el mundo.

“Mmm, no gracias.” Le contesté. (La fruta se veía asquerosa y ni cagando me la ponía en la boca.)

“Yaaaaa… no seas como los gringos que a la primera imperfección le das la espalda!”

Mientras ella cortaba la papaya, me contaba del día que la había ido a comprar. Ella me decía que había ido a un supermercado super cuico y como casi nunca llegan las papayas donde ella vivía le había sorprendido encontrarla allí. Pues le dieron tantas ganas de comerla que a pesar que costaba $12 USD, se la había llevado igual. Pero cuando llegó a la caja, la cajera le había dicho, “Señora, esta fruta está podrida, no desea buscar otra?” Y que ella le había respondido, “No gracias. Esa es la que quiero.”

A la Señora Cajera le había dado pena esta pobre mexicana que le había dado la papaya gratis, pensando quizás, que no tenía nada más que comer.

“Estos pinches gringos, no saben lo que es rico! Esta gringa pensaba que estaba podrida y no sabe que mientras más fea se vea por fuera la papaya, más rica y dulce es por dentro!”

Y en esa, lleva el plato de papaya cortada en cubitos a la mesa. Yo seguía completamente desinteresada.

“Toma.” Me dice, pasándome un tenedor. “Por lo menos pruébala!” Lanzándome una sonrisa tan grande que se le veían las amígdalas.

Y en esa me llega un olor a pata increíble. Obvio, contemplé por un segundo que quizás era ella. Y después que quizás era yo. Pero no. Era la fucking papaya podrida que había puesto en la mesa!

“NI CAGANDO COMO ESA WEA FEA, PODRIDA, Y HEDIONDA!” pensaba.

Ella percatándose de mi cara desfigurada del horror (no tengo un buen poker face), me dice, “Yo sé que tiene un olor desagradable, pero quiero que la pruebes igual.”

Y seguía, tratando de convencerme, “La papaya tiene hartas propiedades buenas, tiene antioxidantes, es buena para la piel…” bla, bla, bla… no le escuché niuna wea. Sólo sentía que cada vez que se mandaba otro trozo a mí me daban ganas de vomitar.

Y luego me dice, “Te rejuvenece!” Y allí mis orejas se pararon en atención. Como los perritos cuando escuchan una wea rara? Así.

Y aunque no fuera cierto, me como la wea igual por sólo la posibilidad! Soy una weona vanidosa. Lo sé. Y sin pensarlo más, la probé. Y terminé comiéndome casi todo el plato.

***

Después me preguntaba con cuantas otras cosas, lugares, hasta personas había hecho lo mismo? Que porque no fueran de mi agrado por fuera no les había dado la oportunidad? Y de pronto me vino a la cabeza un hombre llamado “Papaya”.

(Obvio que el weon no se llama Papaya! Pero para proteger su identidad, le diremos así.)

Conocí a Papaya en NYC. Conversamos y entre sonrisa y sonrisa (soy muy risueña y amable cuando hablo con las personas), al tipo le empezó a crecer el cierre del pantalón. Me dijo que le gustaba y que le gustaría tener sexo conmigo.

(Por un lado, me gusta que las personas sean así de directas. Así se evita todo el rodeo y el juego infantil que consume por lo menos los primeros meses de una potencial relación. Por el otro lado, siento que hay algunas personas que necesitan salir más de la casa y experimentar más para que se puedan dar cuenta que hay una diferencia entre ser amable y ser coqueto. Por último si no lo tienes muy claro, pregunta. “Sabes? Siento que coqueteas conmigo. Es así?” Y de una, sales de la duda. Las cosas pueden ser así de fáciles y transparentes.)

Le contesté, “No gracias.” Y retomé mi rutina.

En otra oportunidad nos vimos en una fiesta y me preguntó de nuevo. “No gracias.” le contesté nuevamente. Al tercer “No gracias.”, me puse a pensar… “ Por qué le digo que no a este weon?”

“Porque no siento atracción por él—no hay ‘atracción química’”.

Y allí me quedó dando vuelta esa frase: “atracción química”. Qué es exactamente la atracción química? Y por qué la necesito tener para que pueda disfrutar del sexo? No será esa una de estas frases claves que me impone la sociedad justamente para controlar mi esencia de puta? Y por qué tengo que hacerle caso a la sociedad cuando es MI cuerpo? No me gusta cuando me siento que una idea o una persona me tiene de los ovarios. Por lo que decidí experimentar.

Es necesario tener atracción química para que pueda disfrutar del sexo?

Papaya era feo. Tenía miopía por lo que usaba lentes gruesos. Era flaco tipo andrógeno. Tenía los dientes chuecos. Era tan blanco transparente que se le veía la sangre correr por las venas. Se peinaba de una manera rara. Lo sentía “domable” y me causaba inseguridad de que me pueda contener en el sexo. No sabía mucho de las noticias mundiales. No tenía mucha opinión de nada. A penas se podía tener una conversación “inteligente” con él.

Pero… Era lindo y dulce. Tenía una suavidad y gentileza que daba agrado. Escuchaba bien y observaba mejor. Tenía un poder de empatía por sobre la norma. Tenía su historia. Había sido víctima de bullying casi toda su vida porque lo encontraban siempre muy “afeminado”. Y a pesar de sus dientes chuecos, tenia una sonrisa de esas que venia desde adentro. Lo más lindo de él era que te miraba a los ojos cuando hablaba y escuchaba. Y en esa miraba me sentía amada, apoyada, y llena.

Podía conectarme con él por sus cositas lindas, o desconectarme de él por las múltiples fallas que tenia. Era mi decisión.

“Cuantas veces hago eso?” Pensaba. “Cuántas veces prefiero la desconexión ante la conexión con otra persona? Y cuántas veces me desconecto por algo trivial y superficial? A la próxima vez que me diga que quiere tener sexo conmigo, le diré que sí.”  (Aunque no estaba del todo segura que habría otra vez.)

Meses después llegó el momento. Él estaba comiendo una galleta mientras hablaba conmigo con sus ojos todos libidinosos.

“Sé que está demás pedírtelo y que me dirás que no de nuevo, pero me gustaría llevarte a cenar y aun tengo ganas de tener sexo contigo.”

“Bueno!” le contesto esta vez con un entusiasmo que hasta a mí me sorprendió.

Al weon le dio tanta sorpresa que se atragantó con la galleta. (Ni en el triunfo era elegante.)

“En serio?” Me dice, después de tomarse un vaso de agua.

“Sí, en serio.” Le contesto con una tremenda sonrisa. Era inevitable mi felicidad. Era como si estaba abriendo un regalo de navidad.

Pasaron varias semanas desde que nos volvimos a ver. Durante este tiempo, no se comunicó conmigo. Se habría asustado? Hay veces que queremos algo tanto tanto que nos obsesionamos por tenerlo y la sensación de más agrado es el perseguir esa meta. Cuando por fin la obtenemos, no sabemos que hacer o peor tenemos un final anti-climático. (Me ha pasado.)

De repente, un día lo vi en un café. Y me acerqué a él para preguntarle cómo estaba. Traducción: me acerqué para ver qué chucha le había pasado y si es que me estaba castigando por haberlo rechazado tantas veces el muy CSM.

“Hola! Tanto tiempo!”

El me mira y se pone pálido y después se pone rojo—el único otro color que tenía su piel. Me agradaba hacerlo sentir incómodo—por weon.

“Hola.” Me responde sin mayor aporte a la conversación.

“Oye, y no habíamos quedado en juntarnos?” (wink, wink)

“Ehh, sí, pero, es que he estado ocupado…”

“Y ahora? Ahora estas ocupado?”

“Mmm, bueno… No ahora no, pero…”

“Sabes?” le interrumpo bruscamente, “No me gustan mucho los juegos innecesarios. Si te has arrepentido, está bien, sólo me tienes que decir.”

Me sonríe. Y me dice, “No me he arrepentido. Lo siento si te he incomodado. Estas molesta?”

HDMILPPPPPP! Claro que estaba molesta! Más encima ahora era yo la que estaba rogándole.

“Obvio que estoy molesta. Si haces un compromiso conmigo, espero que lo cumplas. Y si no fuera porque casualmente te encuentro aquí, lo más probable es que sigas desaparecido.”

“Cuándo te quieres reunir?”

“Ahora.” Le digo.

“No puedo ahora.”

“Entonces dime tú? Cuándo te puedes reunir?”

“El viernes en la noche.”

“Esta bien. El viernes en la noche. Es tu única oportunidad. Pero si no te apare…”

Me interrumpe. “Nos vemos el viernes en la noche. Te paso a buscar.”

***

Me fui del café alegre de haberlo visto. Me dio curiosidad de que lo encontraba más guapo de lo normal. Estaba yendo al gimnasio?

El viernes llego en unos minutos esa semana. Estaba excitada y muy nerviosa. Y si se arrepiente? Y si al final de todo, esto fue un juego? Y si al final es él el que no quiere tener sexo? Y qué haré con toda esta calentura?

Fuimos a un restaurante Indio esa noche. Hablamos, reímos, y comimos rico. Todo bien hasta que llego la cuenta.

El la recibe y la mira. “Tu parte es $19 USD con gratuidad.”

(Fucking gringos! Acuérdame por qué mierda estoy aquí con este weon! El sexo no puede ser tan, tan bueno como para olvidarme de todas las cosas que me caen mal de él. Soy tradicional en eso. Si tu invitas yo espero que pagues!)

Después del restaurante nos fuimos a caminar por las calles de Manhattan. Finalmente, llegamos a mi departamento. Hablamos un tiempo y después me besa. El beso parecía un sapo mojado.

Me comienza a desnudar. Y yo también a él. Le saco el cinturón, porque para que estamos con weas, quería ver si su tamaño me acomodaba. Lo empiezo a tocar y de pronto llego a su pene. Tamaño pequeño. Puta la wea, y por esto esperé tanto tiempo?! Me empezó a tocar y con sus manos me liberaba de todos mis prejuicios—uno por uno.

Y como a la papaya terminé por comerme el plato entero. Y fue rico.

Comí papaya (y Papaya) un par de veces más. Y ambas veces igual de rico. Los dos concluimos que no éramos para pareja. Pero el sexo era agradable. Y no se necesita de la atracción química para sentir un clímax. De hecho, ni siquiera tiene que gustarte el weon. Creo, que lo único que se necesita es que ambos estén dispuestos a estar en conexión para pasar un rato agradable. Y si fuera así, imagínate las posibilidades!

Él me enseño eso. Ahora me siento con mucha curiosidad cuando veo a alguien que me causa una reacción como la papaya en la casa de mi amiga. Y me pregunto, “Cómo será tener sexo con esa persona?” Esa curiosidad se despertó tras conocer a este hombre. No lo vi más desde que él se fue de NYC. Ocasionalmente, hablamos por teléfono por horas y entre esas horas, aun puedo sentirlo mirándome a los ojos.

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