Encontrando Mi Voz

Ella era una rubia estupenda, alta y delgada, ojos claros, super popular mean girl. Y me odiaba. Odiaba que era gorda, chica, y morena. Poco atractiva en su mente. Mientras ella se paseaba con su entourage yo la veía con cierta admiración y con cierto miedo. Al mismo tiempo que rogaba que hoy no fuera el día que ella decidiera hacerme algo y me ponga a llorar, también rogaba que algún día fuera tan superficialmente bella como ella y tuviera el pseudo-poder que ella tenía. Y cuando pasaba de largo me sentía aliviada. Y después me venia la sensación de estar un poco decepcionada que no fuera ni siquiera, en lo mas mínimo, interesante para ella.

Un día estábamos en la sala de computación y ella llega con su grupo de abejas y me sube la silla por detrás. Yo me caigo al piso y me paro desesperadamente para pasar desapercibida. Y allí la veo. Mientras la miro a los ojos, tratando de tragar mi miedo sabor a lata y mis lagrimas con gusto a sal, me dice: “Esa es mi silla y tu culo tan gordo no pertenece en ella!” Y su grupo de amigas se largaron a reír en coro.

Mi única respuesta fue que me riera también, deseando que todo fuera un chiste y esperando que en algún momento me diga, “Jaja, si te estoy weveando!” y siga con sus abejas a su asiento.

Pero, no. No fue así. “De qué te ríes you fat, ugly, bitch?” Me dice, ahora con sus pupilas dilatadas y llenas de odio.

“Emmm es que no sabia que las sillas estaban asignadas.” le dije, casi en susurro.

“Pues las están y tu fat ass está en la mía!”

Mientras la miraba empecé a sentir un miedo ajeno al mío. Y me percaté que ella también tenía miedo. Miedo de perder el control. Miedo a que si no le hago caso, no tendría más remedio que pegarme y no lo haría porque tenía una reputación de “niña buena” que tenía que proteger. Además estaba la profe tomando su café y leyendo un libro en su escritorio claramente super atenta a lo que estaba pasando.

Mientras estaba parada frente a ella, se sobrepuso mi cuerpo y en esos mili segundos me entró la “india” como siempre decía mi padre, y le dije:

“Pues esta perra gorda y fea estaba aquí primero.” Y me siento.

No recuerdo nada más de aquel día. Ni siquiera sé como terminó la conversación. Fue como si me hubiera dado una patada en la cabeza y había quedado inconsciente de todo el acto que siguió. Amnesia selectiva. Supervivencia. Amor a mi misma. Mi diosa interior. Algo. Algo había pasado con esa voz tan ajena y a la vez tan mía.

Hace un par de días tuve un sueño con ella—mi bully de sexto básico. Estábamos nuevamente en la sala de computación y nuevamente veía pasar la misma escena. Cuando desperté me pregunté que por qué mierda la había pensado de nuevo después de tanto tiempo?

No estoy pasando por un buen momento ahora. Estoy super sensible, llorona, y dudando todas las decisiones que he tomado desde que llegué a Chile. Tengo ganas de correr, tengo miedo, y me siento sola. Por lo mismo no me junto con las personas. Me aíslo porque estando en esta emoción me pongo altamente defensiva y agresiva. Y porque hay veces que siento que mi circulo me quiere “arreglar” o buscar una solución a mi tema. Y ese no es el punto, ni tengo la energía para educarlos.

Y después de revisar lo que me pasa actualmente y dentro de muchas interpretaciones me vino lo siguiente:

Dentro de todo lo bullying que puedo sentir estando en el lugar donde estoy, en la cultura en que me inserto, con la gente que elijo que me rodee, me pasa algo que no puedo escapar… Ese bully interno que a pesar de estar donde estoy y rodearme de las persona con quienes me rodeo, se mete incisivamente en mi alma. Ese bully interno que, a pesar de haberla callado tantas veces antes, se aviva en ciertos momentos para intentar achicarme, callarme, y detenerme.

Y tal vez, este sueño me muestra que ya es hora de encontrar mi voz de india de nuevo. Aquella voz que sabe, aquella que reconoce mi fortaleza y mi propósito en esta vida. Aquella voz que viene de herencias ancestrales, de mujeres fuertes, de guerreras, de sacerdotisas, de prostitutas sagradas, de machis, de brujas, de revolucionarias…

Me levantaré de nuevo… Quizás no hoy, quizás no mañana, pero lo haré. Cuando haya acumulado fuerzas lo haré. Y en ese entonces recordaré mi voz ancestral que sale en los momentos de las más altas amenazas. Esa voz que acumula las voces de millones de mujeres antes de mí que sacaron fuerzas de las más grandes penas. Esa voz primitiva y salvaje que sale desde las montañas como el aullido de la loba alpha que se escucha de entre las sombras.

Y en ese momento me enfrentaré ese bully interno y le diré. “Entiendo tus miedos de perder el control, de sentir que no eres tan poderosa como asemejas. Pero, hoy haré las cosas a mi manera. Gracias por recordármelo. But, I got this.”

Porque mi conclusión después de todo esto es la siguiente: no he llegado así de lejos para sólo llegar así de lejos. Y, como aquella loba, debo continuar con mi rumbo.

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