La Sombra de Mery

Para las personas viviendo con familiares con demencia senil tipo Alzheimer, les comparto mi historia con esta enfermedad.

Mery, mi madre, nació en la isla grande de Chiloe. Sus padres eran un obrero y una “india” como despectivamente la llamaban. Ella siempre quiso que su madre la quisiera. Y como nunca fue así, por lo menos a su parecer, ella jamás aprendió como se veía el amor cuando lo recibía. Tuvo una infancia dolorosa, violenta, y agresiva. Su experiencia fue colorida por abusos físicos, broches con la muerte, y violaciones de todo tipo. Y a pesar de todo, mi madre vivió una vida independiente y fue una mujer fuerte y decidida. Se enamoró tres veces en su vida, quedándose con el último de estos amores. De este amor nació mi hermano y yo.

Cuando mi madre cuenta de su vida describe su sufrimiento. Es lo que más le ha quedado grabado en la mente y en su frágil y sensible corazón. Mi madre ama a los animales y ama a la tierra. Ella me enseñó, mucho antes de que era moda ser eco-friendly, que la tierra se cuidaba porque era la única que teníamos. Y por ende, aprendí a plantar, a mantener a nuestro planeta limpio, a reciclar, a abrazar los arboles, y llenarme de la energía del tierra, del sol, y de la lluvia. Aprendí a deleitar de la majestuosidad de las montañas, de asombrarme por el florecer de una planta, y de llenar mis pulmones del aliento del viento. Aprendí que las rocas eran pequeños regalos de la tierra que habían tardado siglos en hacerse para que por fin brillaran lo suficiente para cautivar mis ojos y darme el ímpetu de llevarlas a casa.

Si vas a su casa verás estas piedras, estos “regalos” en todas las esquinas de la casa. Mi padre no aprecia estos regalos tanto como ella, y de vez en cuando, cuando ella no se da cuenta, el les tira estos regalos fuera de la casa. No lo hace de maldad, sino simplemente no logra captar el valor que ella les pone.

De ella también aprendí de la comunicación de los animales. Aprendí que los animales no aparecen azarosamente en tu vida. Aprendí que las mascotas no se eligen, sino que TE eligen. Y aprendí que la vida de cada animal es sagrado y tiene un propósito. Cuando se matan a los animales para comer se hace de la forma más gentil posible, con un corazón tranquilo y los despechos y resentimientos se dejan en la puerta. Se les da las gracias por su vida y su transito por nuestras vidas y nuestro cuerpo.

En el año 2009, mi madre empezó a perder la memoria. Ahora en el 2017, cuando comienzo a detallar su vida, es porque ya su memoria falla tanto que muchas veces está más en otra realidad que la nuestra. Hay pocos momentos que la encuentro “ella” con toda su ternura y fragilidad, su fuerza y su fuego. Entonces, quise escribir esto para recordar el impacto que su vida ha tenido sobre la mía. Tal como me ha enseñado, todos los animales tienen su propósito en nuestras vidas, también los humanos—también ella—tiene su propósito en la mía.

Mi infancia fue similar a la de mi madre. Ella heredó la violencia de su madre y me la traspasó a mí. Vivía con abusos físicos y negligencias. Y en un momento llegué a dudar que mi madre (al igual que la de ella) me quería. Y hay veces dentro de los episodios de esta maldita enfermedad donde salta la duda nuevamente. Y durante este ultimo año he reflexionado sobre todas mis emociones que tengo frente a lo que ocurre dentro de la mente cuando se vive en realidades, tiempos y espacios distintos.

Es difícil ver el odio que me tiene ahora. Es difícil para mi corazón entender que es la enfermedad la que habla y no ella. Pero me lleno de dudas cuando recuerdo que dentro de mi infancia también habían muchos momentos en los cuales sentía lo mismo y ella no estaba enferma aún. Y hay veces que la enfermedad y los  maltratos que conlleva me superan y preferiría que se muera de una vez. Pero he aprendido lo siguiente: la profundidad del amor que le tengo a mi mami se evidencia en lo apasionada que soy para odiarla y para querer su muerte física. Me castigo por decirlo, y me da pena eso… pero es lo que siento.

A partir de estas emociones oscuras que a veces son tan difíciles de entender, empecé a ver lo que realmente estaba pasando dentro de mí. Yo aprecio todo lo que mi mami hizo por mí. Le agradezco sus sacrificios, sus enseñanzas, y su entrega. Le doy gracias por todas las decisiones duras que tuvo que tomar para que yo estuviera bien cuidada. Le agradezco todas sus tristezas, sus obstáculos, y desafíos. Agradezco su perspectiva y su experiencia. Agradezco todo lo que ella hizo, está haciendo, y hará por mi. Agradezco todo lo que me deja– mi fuerza, mi inteligencia, mi capacidad de empatizar, mi capacidad de reconocer que hay una cierta magia en nuestro mundo. Agradezco su herencia, su linaje, y su genética…y ciertamente agradezco su ser y su “ser” en este mundo…

Y, me doy cuenta que dentro de todo lo que le agradezco, no hay ese amor grande, englobador… que muchas veces me llena de culpa por no tenerlo. Me di cuenta que el amor… es tan complejo como lo somos los seres humanos. Me preguntaba que por qué no podía decir que “amaba a mi mami”… y me respondía con que nuestra relación fue bastante tortuosa, que hubieron entregas de amor, pero no total… y ciertamente esas entregas eran condicional. No puedo decir que la amo porque mi definición del amor es… Y allí me quedé pensando… mi definición del amor es: ilusoria, utópica, irreal quizás… (?)

Pero cuando realmente me pongo a escribir sobre lo que significa el amor para mi… mi definición es la misma que he tenido desde hace mucho tiempo… el amor es… luz y sombra…

Tanto más aprendes a aceptar que existen ambas caras… aprendes a reconocer que en toda relación van a ver esas profundidades… luces, sombras… y también mezclas de ambas…

Con ella, vivo más la sombra. Y aún no acepto eso. No acepto que mis sentimientos fueran tan “feos”… y por ende esa falta de aceptación hace que no mire la profundidad con la que la amo. La amo ferozmente, inexhaustivamente, y perdidamente… y quizás no sabré como hacerlo cuando ella se me vaya… no sé hacerlo ahora… y eso que esta enfermedad te enseña a vivir un duelo mientras la persona aun habita un cuerpo físico.

Y tal vez…

Tal vez… todo esto es para que yo aprenda. Para que aprenda a aceptar toda aquella emoción oscura que viene de mí como un regalito que puedo reconocer como una instancia de vivencia profunda y mágica. Porque no puedes navegar las profundas luces, sin navegar las sombras. Y vice-versa.

Tengo el regalo de poder “sentir” a las personas. Es algo que me legó mi madre… Puedo “sentir” las penas, las alegrías, los dolores físicos y emocionales… todo. Y para las personas más “sensibles”—para aquellas personas que sienten un rango más amplio del espectro de la emoción, la sombra es una altura de alta dificultad.  Es un terreno que es complicado navegar.

Y tal vez… este dolor, esta pena y odio y rabia y todo… que sale en protesta de esta enfermedad (y por mi madre quien le da su corporalidad) es para que aprenda a profundizar y aceptar aquellos lados oscuros del amor. Y tal vez, en ese viaje, aprenda a aceptar mí sombra a través de la de ella.

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