Un Día Más

Hay momentos en la vida que nos toman por sorpresa: la muerte de alguien, por ejemplo, es lo primero que me viene a la cabeza. Jamás pensamos que no tendremos a esa persona para tocarla, para hablar con ella, o para compartir un rico té con unas ricas galletas. Y cuando llegan esos momentos tan brutales de la vida, lo único que deseamos es que tuviéramos un día más para expresar todo lo que sentimos. Y, para muchos, ya es demasiado tarde y ese día jamás llegará.

Mi caso es algo similar a la muerte de alguien. Mi madre tiene Alzheimer. Por lo que la enfermedad la  envuelve cada día más en sus memorias más crueles. Y las veces que está “lúcida” ya son pocas y contadas. Por lo que a mí me toca ver su muerte en vida. Y para que no se me escape la esencia de quien era ella antes de esta enfermedad, escribo lo poco que ella se acuerda cuando podemos tener una conversación con sus memorias más inspiradoras.

***

Mi madre vivió una infancia… interesante. Cuando ella era niña no existían los electrónicos, casi de ningún tipo. La gente todavía se juntaba para hablar en persona y todo el ritmo de sus vidas corría a un paso lento, pero seguro. A mi madre le gustaba leer y estudiar. Ella quería ser detective. Les gustaban los misterios y su habilidad para reconocer incongruencias era notable. Cuando fue a la escuela, estuvo muy poco tiempo. Pero durante esos 2 años ella se dedicó a absorber lo que más pudo.

Ella se enseño a leer solita. Y cuando fue a la escuela el aprendizaje se le hizo rápido y sin mayores esfuerzos. La escuela era para ella un permiso para ser niña y estar libre de la vida adulta que debería llevar en casa. La pusieron en segundo básico por su edad. Y le fue tan bien que sacó de “los primeros lugares” y la pasaron a tercero básico. Para la ceremonia de clausura ella debería ir a tomar su premio.

Se recuerda:

“La profesora vino hacia mí y me dijo que debería ir con la ropa más limpia y linda que podía y que tenía que invitar a mis padres para que ellos vengan a verme.

Le dije que bueno, que haría eso.

De pronto vino hacia mí una prima que estaba en el mismo curso. Ella me dice, “Y tu como vas a venir a la ceremonia si ni siquiera tienes un vestido bonito ni nada para usar?'”

(Era cierto. Mi madre no vivió con mayores comodidades. Eran muchos y eran pobres, entonces, ropa no tenía para la gran ceremonia.)

Mi madre le contesto, “Bueno… tendré que llegar a lavar mi ropa que tengo.” Y se fue a la casa.

Cuando llega, se percata que las medias con que ella andaba estaban con hoyos. Ella le pidió a su padre unos calzoncillos largos y con esos se hizo un par de calcetas largas y blancas. Lavó su ropa, las secó y partió para la ceremonia. Dice mi madre que fue unos de los días mas felices de su vida.

Después de haber cursado el tercer año, su madre le dice que ya no podrá ir a la escuela. No tenían dinero y mi madre debería empezar a trabajar para aportar a la familia. Además ella tenía hermanos menores que sí tenían que ir a la escuela y a ellos se les daba prioridad. Ese fue unos de los días más tristes de su vida.

***

Deseo un día más para contarte que yo no me imagino una niña de ocho años entrando al mundo laboral. Y a la vez entiendo que en esos tiempos se acostumbraba. Como también era de costumbre sacar adelante a los hombres de la familia y no a las mujeres. Era entendido que en ese mundo se valoraban más las capacidades intelectuales de los hombres y se cultivaba aquello. Y pienso que este mundo en el que yo vivo, no ha cambiado mucho del tuyo.

Deseo un día más para contarte que me gustaría haberte visto terminar el colegio y verte como detective. Me gustaría poder haberte apoyado en tu sueño y me gustaría poder haberte abrazado cuando tenias pena. Yo sé que no tuviste mucho apoyo y tu vida carecía de gestos de amor y seguridad. Y me gustaría haber podido darte aquellas cosas que nunca sentiste que te dieron. No me imagino una niña de ocho pasando por los obstáculos con los que pasaste.

Deseo un día más para que me cuentes más historias de tu infancia. Y me recuerdes nuevamente los placeres de tu vida: cuando corrías por los arboles, cuando comías las frutas que encontrabas, cuando eras libre y feliz. Me gustaría que esta enfermedad te borre todo aquello que te hizo daño para que no lo sigas viviendo una y otra vez. Y deseo que cuando llegue tu día recuerdes estar entre esos arboles.

Y deseo un día más para mí. Para prepararme para tu despedida. Deseo un día más para tener las fuerzas de verte ir. Deseo un día más para entregarte al otro mundo bien armada y con todo lo que necesitarás para ese viaje. Deseo un día más para recordarte que en algunos de tus días sonreías.

***

Hay momentos en la vida que nos toman por sorpresa. Es verdad. Y no tenemos que esperar esos momentos para decir lo que queremos decir. No esperemos ese “un día más” en el futuro para lamentarnos que nos faltó un día más para expresarnos. No hay mejor momento que el presente.

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