El Arte de Escuchar con el Corazón

Tenemos una alta capacidad de empatizar? Simpatizar? Sabemos la diferencia? Cuando escuchamos las penas de las otras personas escuchamos activamente? O escuchamos la pausa para prontamente meter nuestras ideas en el asunto? Escuchamos el sentir de la otra persona? O preferimos la dulce melodía de nuestras propias palabras?

Para los que podríamos usar unos consejos en cómo tratar a las personas y escuchar activamente, con el corazón (y no la cabeza) pues este articulo es justamente lo que necesitamos. (Y los que más estamos entrenados en escuchar, a veces, igual caemos en un patrón más superficial. OJO con esto.)

Hay personas quienes han vivido más que nosotros, tanto en años y/o en experiencias. Han vivido escenas horrendas que parecen ser sacadas de películas de Stephen King. Hay personas duras, depresivas, apenadas, poco felices que fluctúan entre estados melancólicos y calma. Quizás nunca vamos a ver a estas personas exuberantemente felices y quizás quisiéramos, secretamente, que pudieran llegar a esos estados.

Debemos entender que estas personas están simplemente viviendo su día a día de la mejor manera que es posible para ellos. Y si queremos tomarlos y aceptarlos cómo son, bien. Si no, también bien. PERO no tratemos de cambiarlos ni de darles recetas para la felicidad cuando somos nosotros quienes nos vemos incómodos con su estar y con su sentir. Estas personas son hipersensibles por lo que, por lo usual, sienten las cosas con una profundidad que nosotros desconocemos y que no siempre vemos.

Tengo una amiga que recientemente la diagnosticaron con cáncer al útero. Se lo sacaron y después de la operación estaba hecha un mar de lagrimas. Ella no llora abiertamente, pero se le sentía su pena por debajo de su piel. Era una mujer destrozada por dentro. Me contaba que conmigo se sentía cómoda porque era la única amiga que tenía que simpatizaba plenamente con ella. Yo simplemente, la dejaba que hablara para despojar su tristeza.

De pronto me empezó a contar que tenía varios amigos que no la “escuchaban” y que en el fondo no la “veían” a ella en su sufrimiento. Le pedí que me contara más y me dio los siguientes ejemplos:

  1. Estaba con una amiga y le contaba sus penas al no tener su útero. Y su amiga le respondía, “Ay, pero si va a estar todo bien. No hay porque deprimirse. Vas a estar bien.”
  2. Estaba con un amigo contándole las mismas penas y su amigo le decía, “Bueno, agradece que es sólo tu útero, pudo haber sido peor! Animo!”

Aparte de las ganas que tenía de darle una pateada en pleno hocico a sus “amigos”, me puse a sentir con ella. Y lo primero que me salió de la boca fue. “Well, that fucking sucks!” Que se traduce adecuadamente a, “Puta la wea como la mierda!”

Ella me mira y me dice con una sonrisa, “Si! La es.”

Porque hay veces que no hay nada más que decir. De repente las situaciones de la vida son una mierda hay que reconocerlas tal cual son.

Pues aquí está la lección en cómo escuchar desde el corazón. Primero delinearemos lo que NO debemos hacer:

  1. No decir que todo va a estar bien: Realmente sabemos que así será? En el caso de mi amiga, ella tuvo dos rounds de quimio y finalmente perdió la batalla con el cáncer dejando atrás sus dos niñitos de 2 y 5 años. Su esposo no pudo con la pena y se suicidó y quedaron los niños en el sistema de “foster care”. Todo NO estuvo bien.
  2. No decir que puede ser peor: Con esto lo que estamos diciendo es que la situación que le ha tocado en la vida es algo que es aceptable y buena. No estamos escuchando el sufrimiento de la otra persona. Estamos comparando experiencias que son incomparables.
  3. No decir, “te entiendo.”: Aquí está la diferencia entre simpatizar o empatizar con alguien. Simpatizar es “imaginar” como se debe sentir la persona al sentir su dolor. Empatizar es haber vivido algo similar y “saber”—desde las entrañas—lo que el otro está sintiendo. Si nunca has padecido cancer, no digas, “Te entiendo.” Di mejor: “Estoy contigo.”
  4. No decir “Animo!” o “Piensa positivo!” o “Cambia tu actitud!”: Estas frases cliché son las que duelen más. Y las que frecuentemente escucho decir cuando alguien está doliendo. Con esas frases, invalidamos el sufrimiento y dolor del otro y hacemos como si esos sentimientos fueran un switch que se prende y se apaga como si fuera una luz. No es así de fácil. Si lo fuera, no sentiríamos el dolor o la pena más que segundos.
  5. No dar consejos: (A no ser que los haya pedido.) La persona sufriendo está en un estado emocional donde está “sintiendo” no “accionando”. De poco les sirven nuestros consejos de hacer algo distinto cuando apenas les alcanzan las ganas para sobrevivir.
  6. No pensar que los ritmos de otros son iguales a los nuestros: Esto va a la par con los consejos. Si a nosotros nos dura la pena 3 días y a otro le dura 3 meses, no estimemos que algo anda “mal” porque le dure más. Son simplemente distintos ritmos. Hay distintas experiencias e historias pasadas que juegan un rol en el sentir actual y que hace que este episodio de la vida demore más en integrar.
  7. No comparar: No comparemos la tristeza de esta persona con otras. No digamos, “hay personas en el mundo que lo tienen peor.” Nuevamente, invalidamos la experiencia de la persona y hacemos que “debiera” ser de otra manera. Las personas somos como somos. Punto.
  8. No diagnosticar: No empecemos a ponerle una etiqueta del DSM a una persona en sufrimiento. De nada le sirve. Este punto va especialmente para los profesionales en el área de salud mental. No hay nada peor para una persona en sufrimiento que sentir que está a punto del colapso y más encima le ponen un diagnostico encima.
  9. No arreglar: Existen ciertas personalidades que son “arregladores” y quieren solucionar el problema para que la otra persona este bien y pueda ser feliz de nuevo. Pasa que las personas que están sufriendo, no están quebradas. Están pasando por un momento de su historia que les causa dolor. La implicación de que se arregle o se solucione su problema es una subestimación de la tristeza y de la emoción. Las emociones no son el problema, el problema es la incomodidad que nos causa al ver a alguien sufriendo. Hagámonos cargo.
  10. No hablarle a un psicólog@ como si debería tener todo resuelto: Los psicólogos son seres humanos igual. Tienen sentimientos igual. Días buenos y días malos igual. Rupturas, duelos, y tristezas igual. Todos tienen derecho a vivir las emociones como cualquier otro ser humano.

Aquí lo que SI debemos hacer:

  1. Escuchar el sentimiento tras las palabras: Las palabras son un medio de comunicación y hay veces que las palabras “esconden” lo que la persona realmente siente. Escuchemos la profundidad: escuchemos la tristeza, el miedo, la culpa, la vergüenza, etc.
  2. Dar las gracias: Las personas que divulgan sus tristezas se ponen en una situación altamente vulnerable. No es fácil abrirse de corazón. Hay ciertas emociones que es preferente callar por ser demasiadas negativas. Lo que menos necesita la persona que esta sufriendo es cuidarnos a nosotros, cuando necesitan cuidado ellos mismos.
  3. Pedirle a la persona qué necesita: (No impongas lo que necesita.) Si quiere un consejo, bien, si quiere que la escuches bien, si quiere un abrazo, bien. Cuando no sabe, digamos que cuando lo sepa la estaremos esperando. Si nos surge darle un abrazo, preguntemos si podemos. Vivamos desde su realidad no desde la nuestra.
  4. Dar consejos desde nuestra experiencia: “Cuando yo estoy así intento salir a distraerme.” No: “Debes salir más e integrarte más.”
  5. Acompañar desde el hoyo, no desde afuera: No hay nada peor que sentir que cuando estamos sufriendo hay un alguien que te acompaña “desde afuera”. Cómo alguien quien viene a rescatar en ves de acompañar. En esta situación, surge la dinámica de que hay una víctima y un héroe. Revisemos si tenemos la necesidad de rescatar a alguien. Eso no le ayuda a la persona que sufre.

En síntesis, cuando alguien te dice algo desde su vulnerabilidad, nuestra respuesta debiera ser algo así:

Escuchamos detenidamente. Cuando pare de contar su historia le decimos: “Que doloroso debe ser por lo que estas pasando. Te agradezco que me lo hayas contado. Necesitas algo?” (O algo por el estilo.)

Las personas dejamos de estar tristes cuando dejamos de estar tristes. Y las personas que estamos en relación con estas personas debemos tomar la decisión de aceptar o no aceptar cuando la sombra de la persona hace su presencia. La sombra y la luz son ambas parte de la persona. Sin uno o el otro, no estamos enteros. Y esas son las relaciones con alto grado de intimidad.

Si queremos una relación así, entonces tenemos que aprender de lo que el otro nos refleja. Si hacemos uno (o muchos) de los 10 puntos anteriores, entonces es prudente tomar una pausa y revisar lo que nos pasa cuando otra persona nos muestra su dolor, su tristeza, su morbosidad y su sombra. Nuestra incomodidad, no tiene que ver con la otra persona—sino con nosotros mismos.

//

3 comentarios en “El Arte de Escuchar con el Corazón

  1. Un articulo hipnótico. Por los conceptos explicados acompañados de ejemplo, las sensaciones que recibes mientras lo lees y lo mejor de todo, las ganas que te entran por salir a la calle y ver al mundo y a los demás desde otro prisma más cercano, dejando ser en lugar de juzgar y etiquetar.
    Magnífico trabajo escrito con enorme sabiduría y sensibilidad

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s